“Buscando a mi familia biológica”: un grupo de Facebook ayuda a buscar y reencontrar familiares en México

2026-08-19 10:04:30 - MUNDO

"Escribo estas líneas con el corazón abierto, con el deseo de lanzar un mensaje al universo por si acaso llega a la persona indicada y puedo encontrar a quien busco", decenas de mensajes como este se acumulan cada semana en el grupo de Facebook: Buscando a mi familia biológica México, donde personas de distintas edades  y lugares del país reconstruyen fragmentos de su historia con la esperanza de encontrar una pista sobre sus orígenes o localizar a sus familiares biológicos. 

El grupo público fue creado en julio de 2020 y actualmente tiene más de 43 mil miembros, quienes publican fotografías antiguas, cuentan historias y proporcionan datos, apodos, ubicaciones y documentos oficiales como actas de nacimiento para dar con información que les dirija a un reencuentro.  

En México, no existe un registro oficial o un censo nacional único que cuantifique específicamente a las personas que buscan a su familia biológica por motivos de adopción o separación voluntaria o de origen, la gran mayoría de las cifras públicas respecto a búsqueda de personas se refieren a la crisis de desaparición de personas  que enfrenta el país. 

Detrás de muchas de estas búsquedas hay historias que se remontan a décadas en las que las formas de entender la familia eran distintas. Anteriormente, los controles sobre las adopciones eran escasos, los registros civiles eran menos robustos y la comunicación limitada, además de que era común que algunas infancias fueran entregadas para ser criadas por otros familiares o personas cercanas sin un proceso legal de por medio.    

Alfredo Ávila, investigador del Instituto de Investigaciones Históricas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), explica que la razón de que varias personas desconozcan su origen biológico es la adopción informal de menores; es decir, aquellas adopciones que se realizaban fuera de cualquier normativa. "Se trata de una práctica que distintas familias han llevado a cabo históricamente y que tiene antecedentes muy antiguos en México", asegura.   

Aunque desde el siglo XIX y principios del XX comenzaron a existir algunos registros de adopciones, fue hasta 1920 cuando los códigos civiles comenzaron a reconocer formalmente la figura de la adopción y a establecer registros de las personas adoptadas, profundiza el investigador.          

También existen casos de desaparición o separación voluntaria de familiares que, por las limitadas vías de comunicación en aquellos tiempos, fueron imposibles de rastrear.    

"Actualmente, las redes sociales se han convertido en una gran herramienta para encontrar familiares o localizar a personas con quienes se tuvo algún vínculo. En muchos casos, incluso se trata de personas a las que nunca se conoció personalmente o de las que no se conserva memoria. En ese sentido, las redes sociales pueden ser de gran ayuda, aunque no son el único recurso tecnológico disponible", asegura Alfredo Ávila. 

Con el paso del tiempo, estas historias quedaron envueltas en el silencio, pero hoy resurgen en publicaciones de redes sociales, donde miles de personas intentan reconstruir el origen que les fue ocultado o que nunca llegaron a conocer. 

Eimmy Ortiz cuenta que creó este grupo con el propósito de encontrar a su hermano, José Luis Ortiz Ortiz, quien fue llevado a una Casa Cuna en Coyoacán, en la Ciudad de México, cuando ella tenía dos años.

Cuando Eimmy cumplió la mayoría de edad comenzó a buscar respuestas sobre el paradero de su hermano. Acudió a la Casa Cuna pensando que ahí podían proporcionarle información sobre José Luis, pero no le dieron una respuesta concreta y la canalizaron a las oficinas del Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF).

Por cuestiones de seguridad y protección de datos, la institución solo le explicó que su hermano fue trasladado a un lugar llamado Centro Amanecer Cahova. A partir de ese momento, Eimmy decidió continuar su búsqueda por otros medios, "han pasado muchos años y hoy, de acuerdo con el tiempo transcurrido, José Luis debería tener aproximadamente 33 años", recuerda.

"Cuando comencé mi investigación, me encontré con muchas dificultades como la falta de información y espacios de apoyo para este tipo de búsquedas en México. Fue entonces cuando decidí recurrir a Facebook, encontré grupos similares, pero de otros países, y me di cuenta de que en México hacía falta un espacio digital para las personas que buscan a sus familiares biológicos", explica Eimmy.

Al principio, el grupo tenía pocos integrantes. "Decidí no rendirme, comencé a compartir mi propia historia, primero dentro del grupo y después en otras comunidades de Facebook. Poco a poco, más personas conocieron nuestro espacio y comenzaron a unirse".

Eimmy explica que ha tratado de apoyar a los integrantes del grupo con los conocimientos y la experiencia que adquirió durante estos años. Muchas veces, una persona sabe que quiere buscar a un familiar, pero no sabe cómo comenzar a redactar una publicación o qué información proporcionar, por ello Eimmy intenta orientarles. 

A la par, la búsqueda de su hermano continúa. "Mantengo la esperanza de que algún día pueda encontrar a José Luis. A través de esta comunidad he conocido historias de personas que buscan a sus padres, madres, hermanos, hijos, abuelos, tíos y otros familiares. Cada historia es diferente, pero todas tienen algo en común: el deseo de conocer sus raíces, obtener respuestas y, en algunos casos, volver a encontrarse con alguien que forma parte de ellos o ellas".

Aunque en algunas de las publicaciones del grupo usuarios escriben comentarios como "no busques a quien no te buscó" y "será un golpe muy duro para ti ver la indiferencia", existen historias exitosas de personas que lograron encontrar información acerca de sus familiares. Gracias a una fotografía, un nombre o un recuerdo compartido mantienen viva la convicción de que, a veces, una publicación en redes sociales puede cambiar una vida.

"Cuando miro todo lo que ha crecido el grupo siento una gran satisfacción. Lo que comenzó como una búsqueda personal terminó convirtiéndose en una comunidad que ha ayudado a muchas personas. Mientras exista la posibilidad de encontrar a alguien, vale la pena seguir buscando", afirma Eimmy Ortiz.

Una fotografía de José Luis.

"Hola, me llamo Sofía García Rojas Moreno y estoy buscando a mi papá", se lee en una publicación en el grupo en Facebook realizada por la joven de 20 años, quien es madre de un bebé y actualmente vive en Morelia, Michoacán, pero es originaria de Estados Unidos, por lo que enfrenta dificultades legales para tramitar su pasaporte estadounidense y darle la nacionalidad americana a su hijo.

Para realizar este trámite es necesario que el padre biológico de Sofía avale su ciudadanía estadounidense; esta problemática la llevó a indagar sobre su historia familiar, pues durante toda su infancia creyó que el hombre —y expareja de su madre— que la había registrado en México era su padre biológico. Pero no fue así.

"Es una historia bastante larga", es la frase con la que Sofía comienza a contar cómo todo lo que algún día supo sobre ella misma, su origen y su familia, cambió.

En realidad, su madre conoció a Oscar, su padre biológico, a los 19 años en Apatzingán, un municipio en la tierra caliente de Michoacán. "Se gustaron, empezaron a salir y se casaron, pero por la presión social de aquellos tiempos, sus familiares querían que tuvieran un bebé rápido, y cuando menos vieron, mi mamá ya estaba embarazada", narra Sofía. 

Durante el embarazo, sus padres biológicos compraron una casa, pero a tres meses de que su madre diera a luz, el padre de Sofía se marchó a otro país, "no sé pa' dónde se fue, pero mi mamá me contó que ella le dijo: ¿Sabes qué? Pues yo me voy a adelantar a Estados Unidos para los controles del embarazo y que todo salga bien. Entonces quedaron en que se reencontrarían en el gabacho después", recuerda. 

Una serie de complicaciones y confusiones hizo que la madre de Sofía regresara a vivir a Morelia a la casa que anteriormente habían comprado, pero Oscar no volvió. "Dicen por ahí que mi papá y su familia se fueron a Chicago porque su mamá tenía una enfermedad, pero mi mamá nunca supo de eso". 

—¿Cómo encontraste el grupo en Facebook?

"Fue muy chistoso", responde Sofía y recapitula que scrolleando en la red social se encontró con una publicación de una persona que buscaba a un familiar, "al principio dudé, pensé que no me entenderían y que no quería contar la historia completa, pero después de darle muchas vueltas publiqué en el grupo y he tenido resultados", cuenta la joven. 

Sofía aún no encuentra a su papá, pero muchas personas del grupo le han ofrecido ayuda, desde quienes le brindan apoyo para buscar los documentos de identificación de su padre hasta comentarios en los que afirman conocer el paradero de Oscar. "Una persona escribió que mi papá se fue a Chicago con su mamá para tratar su enfermedad y lo dijo tan segura que nadie podía saber esa información. Pero después borraron el comentario, quizá se arrepintieron", explica. 

Antes de las redes sociales eran pocas las posibilidades de que las personas se reencontraran con sus familiares, sobre ello, Sofía dice que "es maravilloso" que la tecnología sirva para esto. "A final de cuentas, no solo buscas a la persona que te abandonó, sino saber la historia, qué pasó", dice. 

Encontrar a su padre es una prioridad.

"Lo busco porque me gustaría conocer la otra parte de la historia, nunca se sabe lo que vivió alguien más hasta que lo cuenta. No le pido que sea mi papá si no quiere, pero quiero conocer mi historia, dar respuestas a tantas cosas, cómo es él, cómo pasó todo, y claro, ahora necesito de él para que yo pueda avanzar y darle una mejor vida a mi bebé en Estados Unidos", asegura. 

Gracias al grupo, Sofía encontró a la persona que actualmente tiene el vínculo más cercano a la familia de su padre en Apatzingán: la prima hermana de su abuela. "Logré contactarla y tenemos comunicación, pero, hasta el momento, me dice que no sabe dónde están y no ha querido darme más información, ni su contacto".   

Esta fotografía fue tomada el día de la boda de los padres de Sofía.

Maricruz Gutiérrez vio por última vez a su hermana Lourdes cuando tenía 17 años; "era la más chiqueada" por tener un gran parecido con su abuela paterna y uno de sus mayores gustos era la taquimecanografía. Ambas vivían con sus padres y sus hermanos en Tizapán El Alto, en Jalisco, pero Lourdes tenía planeado inscribirse en un Conalep en Sahuayo, Michoacán, para estudiar la carrera técnica de secretaria, cuenta Maricruz.   

El día de las inscripciones, Lourdes fue al Conalep en Sahuayo y Maricruz se dirigió a la escuela para posteriormente ir a trabajar, pero cuando regresó a casa le dijeron que su hermana todavía no llegaba. Al día siguiente fue a la escuela para buscarla, pero ahí le aseguraron que ninguna persona con ese nombre se había presentado para inscribirse.

Desde el momento en el que Lourdes desapareció, su familia comenzó a buscarla por todos los medios que tuvo a su alcance. Mientras sus padres preguntaban entre familiares, amigos y conocidos, Maricruz viajó a Sahuayo para recorrer las calles, hacer preguntas e incluso buscarla a lo largo de los bordes de la carretera.   

En aquellos años, recuerda, "las autoridades tenían pocos recursos para atender un caso así". El pueblo en el que vivían era pequeño, con escasa comunicación, y aunque estaba ubicado al pie de carretera, la respuesta oficial fue limitada. Tras reportar la desaparición, las autoridades le dijeron a su padre que podían hacer "muy poco" y que la búsqueda tendría que recaer, principalmente, en la familia. 

Con el paso de los años surgieron varias pistas, aunque estas llegaron tarde. Una de ellas llevó a la familia hasta Guadalajara, donde una prima contó que Lourdes había permanecido con ella alrededor de dos meses; otro primo aseguró haberla visto. "Según me contaron, Lourdes solo alcanzó a decirle a un sobrino: Ayúdame, por favor, con una expresión de miedo. Cuando intentó acercarse para ayudarla, ella ya había desaparecido", cuenta. 

Este último testimonio hizo sospechar a Maricruz que su hermana no había desaparecido, sino que fue secuestrada. Ella, convencida de que si Lourdes alguna vez tenía oportunidad intentaría comunicarse con su familia, se negó a cambiar o cancelar la línea telefónica de su casa. "Sabía que ella conocía de memoria ese número y mantuve la esperanza de que algún día sonara el teléfono. Pero esa llamada nunca llegó, bueno, aún no ha llegado", dice Maricruz. 

Muchas de las piezas de la historia, reconoce Maricruz, solo han podido reconstruirse años después, a partir de los testimonios y la información compartida por otras personas, tal como sucede en el grupo Buscando a mi familia biológica

Hace 13 años, Maricruz "amaneció sorda", como ella misma dice, y aunque cuenta con aparatos auditivos, se le dificulta escuchar con claridad. Por ello, buscar a su hermana por medio de redes sociales ha sido una tarea más viable, pues solo debe leer y escribir. 

En el grupo, las publicaciones en las que Maricruz busca a Lourdes alcanzan casi 10 mil "me gusta", en una de ellas compartió una fotografía de su hermana cuando iba en la secundaria y otros miembros del grupo la apoyaron para hacerle un "retoque de evolución" con inteligencia artificial para ver cómo podría lucir su rostro actualmente.

El "retoque de evolución" hecho con inteligencia artificial a la fotografía de Lourdes cuando iba en la secundaria.

— ¿Por qué la buscas, Maricruz?

"Son varias razones: en primera, porque es mi hermana, en segunda, porque sé por todo lo que pasó y no puedo dejarla en el olvido, en tercera, porque la quiero mucho y cuarta, porque aún tengo ese presentimiento de que está viva y quiero que sepa que aún la busco". 

Irene Salazar Casiano logró que su madre se reencontrara con sus hermanos a principios de agosto de este año por una publicación en el grupo Buscando a mi familia biológica México. "Encontré este espacio por casualidad, leí una historia de una persona buscando a su papá y por curiosidad hallé algunos casos de éxito de reencuentros familiares. Fue ahí cuando sentí 'la espinita' y subí la historia de mi mamá", cuenta Irene.

María del Carmen, madre de Irene, huyó de Teziutlán, Puebla, cuando estaba bajo los cuidados de una tía que golpeaba y obligaba a vender gelatinas, cacahuates y naranjas a ella y a sus hermanos. "Pobre de mi mamita y de mis tíos si llegaban sin venta, eran golpes seguros para ellos", recuerda Irene que su madre le contó. 

"Ella nunca olvidó los nombres de sus hermanos ni de su tía. Hoy le doy gracias a Dios porque por esa buena memoria logramos encontrar a mis tíos", explica. El 8 de agosto Irene publicó una fotografía de María del Carmen acompañada de la historia que le cuenta desde que tiene uso de razón:

"Mi madre recuerda que tiene hermanos, sus nombres eran: Catalina, Inocencia y Juan. Su papá se llamaba Juan Casiano y, desgraciadamente, falleció a causa de una golpiza que le dió su propio hermano, a su mamá nunca la conoció solo le dijeron que se llamaba Hermila", se lee en la publicación.

Por distintos comentarios como "¿para qué busca a sus hermanos?" y "que se quede con los malos recuerdos", Irene llegó a pensar en borrar la historia de su mamá. Sin embargo, una joven se ofreció a compartir la publicación en un grupo local de Teziutlán. 

Fue así como Irene se contactó con los hermanos de su madre y después de pláticas e investigaciones, Catalina y Juan viajaron al Estado de México —donde viven María del Carmen e Irene— con la alegría de reencontrarse con la hermana que dejaron de ver desde muy pequeños. Sin embargo, no saben nada sobre el paradero de su hermana Inocencia, pues también la separaron de ellos. 

"Platicaron mucho porque aún había miedo y desconfianza, pero terminaron por recibir el abrazo que tanto tiempo anhelaron", asegura Irene.

No se den por vencidos, le aconseja a las personas que aún buscan a su familiares, "en estos tiempos, una historia puede compartirse y viralizarse muy rápido. Así como mi mamá encontró a sus hermanos, todos los reencuentros pueden ser posibles". 

La fotografía del reencuentro de Catalina, Juan y María del Carmen.

Fuente: google.com
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