¿Cómo detectan los terremotos en Latinoamérica? Sensores, alertas y los límites de la predicción

2026-08-11 17:31:30 - MUNDO

El terremoto registrado el pasado lunes (10/08/2026) en Colombia volvió a recordar la alta exposición de América Latina a la actividad sísmica. Aunque los terremotos siguen sin poder predecirse, los avances tecnológicos permiten detectarlos en segundos y, en algunos casos, emitir alertas antes de que lleguen las sacudidas más fuertes.

Los sistemas modernos de monitoreo sísmico utilizan tres herramientas principales: sismógrafos, que detectan movimientos muy pequeños del suelo; acelerógrafos, diseñados para registrar las sacudidas más intensas; y estaciones GNSS, similares al GPS, que permiten medir deformaciones y desplazamientos de la superficie terrestre.

DW habló con expertos de Colombia, México y Chile para entender cómo funcionan algunos de estos sistemas en la región y qué diferencias existen entre ellos. Aunque los instrumentos son parecidos, cada país se ha especializado en puntos distintos.

Colombia cuenta con una red de cerca de 200 estaciones distribuidas por todo el país. Según los expertos consultados por DW, se trata de una de las redes más densas de la región en relación con su territorio.

Viviana Dionisio, sismóloga de la Red Sismológica Nacional del Servicio Geológico Colombiano, explica que la función principal del sistema es detectar y caracterizar rápidamente los terremotos. Las señales llegan en tiempo real a una sala de monitoreo que opera las 24 horas, donde son procesadas automáticamente y verificadas por especialistas antes de ser comunicadas a las autoridades de gestión del riesgo.

Dionisio insiste además en una idea clave:

"Los sismos no se pueden predecir. Podemos estudiarlos, podemos saber dónde van a ocurrir, pero no podemos decir que mañana a tal hora o en media hora ocurrirá un sismo".

México va un paso más allá del monitoreo convencional gracias al Sistema de Alerta Sísmica Mexicano (SASMEX), capaz de advertir a determinadas ciudades cuando un terremoto potencialmente peligroso se produce a cientos de kilómetros de distancia.

El Dr. Arturo Iglesias Mendoza, jefe del Servicio Sismológico Nacional de México, destaca que se trata de uno de los sistemas de alerta temprana más consolidados del mundo.

"México es probablemente el primer sistema exitoso de alerta temprana en el mundo, para un público general", comenta Iglesias.

La explicación está tanto en la tecnología como en la geografía. Muchos de los terremotos que afectan a Ciudad de México se originan lejos de la capital, lo que permite enviar una alerta por radio punto a punto antes de que lleguen las ondas sísmicas más destructivas.

Sin embargo, Iglesias subraya que la alerta temprana no equivale a una predicción:

"El fenómeno ya está en curso".

En Chile, uno de los países con mayor actividad sísmica del planeta, uno de los focos de estudio son los terremotos originados en el fondo marino. Tras un gran sismo en 2010, el país aceleró el despliegue de una moderna red nacional de observación.

Según el Dr. Sergio Barrientos, director del Centro Sismológico Nacional de la Universidad de Chile, la misión principal consiste en determinar en menos de cinco minutos si un terremoto tiene capacidad para generar un tsunami.

"Tenemos que caracterizar los terremotos lo más rápido posible", explica Barrientos.

Chile también experimenta con nuevas formas de observación, como la combinación de datos sísmicos y GNSS para generar señales híbridas más robustas y proyectos que buscan utilizar cables de fibra óptica submarinos como sensores sísmicos en el fondo marino, donde se originan muchos de los grandes terremotos frente a su costa.

Los sistemas oficiales ya no son la única herramienta de detección. Barrientos destaca el papel creciente de plataformas como Android Earthquake Alerts, desarrollada por Google.

El sistema aprovecha los acelerómetros integrados en millones de teléfonos móviles. Cuando un gran número de dispositivos detecta simultáneamente vibraciones compatibles con un terremoto, los algoritmos pueden estimar su ubicación y magnitud y enviar avisos a otros usuarios antes de la llegada de las ondas más intensas.

Los principios son similares a los de las redes sismológicas tradicionales, aunque emplean sensores mucho más simples distribuidos masivamente entre la población. En algunos países donde no existen sistemas nacionales de alerta temprana, estas plataformas pueden convertirse en una de las primeras fuentes de aviso para parte de la población.

Las diferencias aparecen en la densidad de las redes, en los recursos disponibles y en las características geológicas de cada país.

Mientras Ciudad de México puede disponer, en el mejor de los casos, de cerca de un minuto de aviso antes de una fuerte sacudida, en Chile esas ventanas de tiempo suelen reducirse a apenas unos segundos. En Colombia, como en otros países de la región, muchos terremotos se producen demasiado cerca de las zonas habitadas para que exista un margen comparable.

Los tres expertos coinciden también en otra cuestión: los grandes avances suelen llegar después de las catástrofes. El terremoto de México en 1985, el de Chile en 2010 o el de México en 2017 impulsaron nuevas inversiones en monitoreo e infraestructura.

Por ahora, la predicción de terremotos sigue siendo una meta inalcanzable. Pero redes más densas de sensores, mejores comunicaciones y sistemas de alerta más rápidos permiten ganar segundos valiosos cuando el sismo ya ha comenzado. Está por ver si el reciente terremoto de Colombia actuará también como catalizador para nuevas inversiones en observación sísmica y gestión del riesgo, como ocurrió anteriormente en otros países de la región.

(cm/elm)

Fuente: dw.com
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